miércoles, 22 de agosto de 2007

Los buenos modales no cuestan nada


Esta es una historia que demuestra que las apariencias engañan y que el arribismo es un mal social muy difundido:
Un señor de unos 68 años dueño de una parcelita cerca de Santiago decide viajar a la capital a comprar llevando como único equipaje una bolsa de papel. Acude a una agencia de automóviles y luego de observar los vehículos se dirige hacia el vendedor quien le saluda de manera despectiva ( el anciano no estaba bien vestido y daba mala impresión). El señor decide explicarle al vendedor que desea comprar 2 camionetas y el vendedor para evitar el diálogo con el "viejo del campo" contesta a cada una de sus preguntas con monosílabos y mantiene un trato distante.
En vista de la situación el anciano decide retirarse y acudir a otra agencia de vehículos cercana, en la cual recibió un trato afable por parte del vendedor, con respeto, aunque el funcionario pensaba que iban a tenerle que dar un largo crédito al hombre para que hiciera su compra y solo para una camioneta.Estaba equivocado... el señor ofreció pago al contado por dos camionetas y al momento de firmar, sacó de su bolsa sendos fajos de billetes con la cantidad necesaria para hacer su compra, además le dió una suculenta gratificación al vendedor por su amabilidad.
Esta historia nos hace pensar ?¿ Qué nos hace cambiar? ¿ Por qué cuando niños nos enseñan a saludar, a dar las gracias, a ser respetuosos con las personas, si después nos damos cuenta que nuestros padres no saludan y no tienen el mismo trato con las personas?
Creo que el hombre que barre la calle, el del mercado, el del kiosko, son tan seres humanos como el resto, no sabemos sus vidas y por qué no llegaron a ser profesionales. No es necesario ser intimos amigos, pero el respeto debe prevalecer. Un buen saludo y un gracias no nos hace perder "status", todo lo contrario nos enseña a ser mas humanos y a demostrar "educación"
Tener mas o menos dinero no significa nada, porque las apariencias engañan. Un apellido con historia, un auto de "marca"!, una buena vestimenta es solo envoltorio, lo que vale está dentro. Recordemos que cuando uno muere, lo dejamos todo y nos comen los gusanos a todos por igual, ricos y pobres.
La diferencia está en cuántas personas lamentarán y llorarán nuestra partida por el amor que sembramos a todos en este mundo.
Escrito por Pilar Medina
Tomado de : El obsertatodo



martes, 14 de agosto de 2007

Conceptos de la educación


La educación no comienza en la escuela, ni cuando nace el pequeño, la educación comienza desde la misma fecundación, aquellos que fueron engendrados tras copiosos banqueteos y borracheras, son portadores de valores anímicos muy inferiores.
La procreación incontrolada de “criaturas –del instante– de embriaguez inconsciencia”, a menudo bajo el influjo depravado del alcohol, obra como una maldición en generaciones posteriores.
El ambiente de familia, la vida de la calle y la escuela, dan a la personalidad humana su tinte original característico infantil.
El niño aprende más con el ejemplo que con el precepto. La forma equivocada de vivir, el ejemplo absurdo, las costumbres degeneradas de los mayores, dan a la personalidad del niño este tinte peculiar escéptico y perverso de la época en que vivimos.
Son muchos los niños que por estos tiempos tienen que soportar llenos de dolor y resentimientos los látigos y palos del padrastro o de la madrastra. Es claro que en esa forma la personalidad del niño se desarrolla dentro del marco del dolor, del rencor y el odio.
Existe un dicho vulgar que dice: “El hijo ajeno huele feo en todos lados”. Naturalmente en esto también hay excepciones, pero estas se pueden contar con los dedos de las manos y sobran dedos.
Los altercados entre el padre y la madre por cuestión de celos, el llanto y lamentos de la madre afligida o del marido oprimido, arruinado y desesperado, dejan en la personalidad del niño una marca indeleble de profundo dolor y melancolía que jamás se olvida durante toda la vida.
En las casas elegantes las orgullosas señoras maltratan a sus criadas cuando éstas se van al salón de belleza o se pintan la cara. El orgullo de estas se siente mortalmente herido.
El niño que ve todas estas escenas de infamia se siente lastimado en lo más hondo, ya sea que se ponga de parte de su madre soberbia y orgullosa, o de parte de la infeliz criada vanidosa y humillada, el resultado para el niño suele ser catastrófico
Los niños levantados en el hogar ultramoderno donde la televisión es el punto central, sólo piensan en cañones, pistolas, ametralladoras de juguete para imitar y vivir a su modo todas las escenas dantescas del crimen tal como las han visto en la televisión.
Los niños levantados entre palos, látigos y gritos, se convierten en personas vulgares llenas de patanerías y faltas de todo sentido de respeto y veneración.
Cuando nutrimos al niño con música arrítmica, inarmónica, vulgar, con cuentos de ladrones y policías, escenas de vicio y prostitución, dramas de adulterio, pornografía, etc; tenemos como resultado los rebeldes sin causa, los asesinos prematuros.
Es indispensable saber que la dulzura y la severidad deben equilibrarse mutuamente, el padre representa la severidad, la madre representa la dulzura.
Los padres y madres de familia deben equilibrarse mutuamente para el bien de los hogares.
Es urgente, ese necesario que todos los padres y madres de familia comprendan la necesidad de sembrar en la mente infantil los valores eternos del espíritu.

(tomado de Educacion fundamental)

martes, 7 de agosto de 2007

Otro articulo sobre como enseñar buenos modales


Los buenos modales son mucho más que no poner mala cara al puré de papas y recordar decir siempre "por favor" y "gracias". Es muy importante enseñar a los niños que, lo mismo en casa, en el aula o en el patio de juegos, se deben practicar el respeto y la cortesía con los demás.
Los adultos están siempre prestos a decir que los niños de hoy no son tan corteses como los de otros tiempos.
¿Cómo es posible? Los expertos aseguran que los buenos modales no son algo con lo que se nace. Los niños necesitan que alguien les enseñe normas de cortesía tan comunes como colocarse la servilleta sobre las rodillas o dirigirse a un adulto diciendo "Señor" o "Señora".
"Los niños nunca son demasiado pequeños para enseñarles principios de etiqueta, y la enseñanza no debe realizarse de forma demasiado paciente o consciente", afirma Emily Post en su obra El gran libro de etiqueta, publicado por primera vez en 1922.
La etiqueta y el respeto adecuado hacia los demás deben inculcárseles a los jóvenes para que puedan ser adultos corteses.
A continuación, algunos consejos básicos que deben aprender todos los niños:
Si es tan importante decir "gracias", entonces ¿por qué el arte de escribir notas de agradecimiento está en franca decadencia? Después de los cumpleaños, fiestas de rigor o cualquier otra ocasión en las que su hijo recibe un regalo, es signo de cortesía escribir una nota de agradecimiento. En la actualidad, muchos establecimientos venden invitaciones y tarjetas de agradecimiento en combinación y con temas infantiles. Ahórrese un viaje y compre ambas de una sola vez.
Otro arte que languidece es la confirmación de asistencia o R.S.V.P. Enseñe a su hijo a responder con puntualidad. Destáquele la importancia de responder a las invitaciones, explicándole por qué es importante que el anfitrión sepa la cantidad de personas que asistirán a la fiesta, para así coordinar la cantidad de comida y bebida que debe comprar, así como cuántos asientos y regalos debe separar.
La interrupción en una conversación es la conducta impropia que más pone a prueba los nervios, por lo cual tiene su propia categoría. Insístale a su hijo que, independientemente de la urgencia, debe esperar un minuto o dos, hasta que usted haya colgado el teléfono, terminado de hablar con el empleado de la tienda o tras haber concluido su transacción en el banco.
En vez de darle un manotazo al décimo intento que hace el niño para llamar su atención, respóndale la primera vez y dígale: "Quiero ayudarte y lo haré en cuanto termine de hablar con la tía". Aprender a no interrumpir es una lección acerca de cómo compartir y turnarse.
Antes de dar lecciones de cortesía a sus hijos, recuerde los siguientes puntos importantes.
Uno: los niños aprenden observando lo que hacen los adultos, por lo que sus lecciones de etiqueta deben complementarse con sus acciones cotidianas. Dos: recuerde premiar a sus hijos por hacer lo correcto en vez de reprocharles todo el tiempo por lo mal hecho. Tercero: la cortesía empieza por casa. El hecho de que no haya visitantes no quiere decir que se dejen de practicar los buenos modales.
Finalmente, nunca lleve las enseñanzas de etiqueta demasiado lejos como para afectar la creatividad de su hijo. De vez en cuando, cuando no haya personas extrañas delante, poner mala cara al puré de papas puede ser divertido, siempre y cuando se coma con la boca cerrada (tomado de Opinión digital)

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