viernes, 25 de febrero de 2011

Rabietas y berrinches en los niños



El tema que hoy nos atañe es cómo afrontar las rabietas desde el punto de vista de la crianza natural, es decir; de un modo respetuoso hacia el niño. Hablaremos concretamente de qué podemos hacer los padres para evitar los berrinches o pataletas, y de qué manera podemos actuar si estas se presentan.


es más fácil evitar una rabieta, y que para ello hay varias cosas que podemos hacer, entre las cuales dar libertad a nuestros hijos, obviamente dentro de lo sensato, ser flexibles, empáticos, comprenderlos, ponernos en su lugar, y ser creativos.
Si ya nos hallamos en medio del berrinche, lo primero que debemos hacer es mantener la calma, no pensar en el qué dirán porque por más público que sea el sitio y sin importar quién, ni cómo nos están mirando, todas las personas que tienen hijos en algún momento han sido testigos de una rabieta. En caso de que no los tengan, muy probablemente habrán tenido alguna ellos, siendo niños, así que no debemos perder tiempo en pensar que nos estarán juzgando como padres. Vale la pena tener en cuenta, que contrario a la creencia popular: las rabietas no son situaciones en las que el niño "nos toma el pelo", simplemente es la manera que tiene de autoafirmarse y diferenciarse de mamá y papá, y en ocasiones, cuando no dispone de más recursos, de expresar su frustración ante un hecho.
Resulta útil intentar distraer al niño, ofrecerle alternativas, buscar un punto medio, soluciones creativas, proponer tratos, o intervenir físicamente tratando de cambiar el equilibrio energético de la situación. Una manera de lograr esto es mediante un abrazo, si al niño le apetece, o bien sentándonos o acostándonos en el suelo.
Por último, recordar que la paciencia es indispensable, y que las rabietas forman parte de una etapa, que como todas las demás de la infancia, pasará.


Les ayudará ver este video :






Via: Amor maternal

domingo, 20 de febrero de 2011

Consejos para contratar y elegir una buena sirvienta/ empleadas del hogar



Cuando tenemos la necesidad de contratar una empleada del hogar debemos tener en cuenta algunos requisitos para no meter en nuestra casa  a personas con malas costumbres.
Para buscar a una empleada del hogar podemos acudir a agencias de empleos, a familiares, amigos  etc.
Debemos pedirles cartas de recomendación actuales, y si es posible tambien que den referencias de trabajos antiguos, y no solo eso sino constatar su veracidad, tambien certificados policiales y de salud.
Muy importante: debemos visitar a la persona que la recomienda para saber cual es el motivo por el cual dejó el empleo, cuales son sus defectos y cualidades, de esta  forma valoraremos a la persona y veremos si nos conviene o no.


Cuando consigamos a una empleada que nos  convenga, está demás decir que las debemos tratar bien, debemos indicarles cuales son sus responsabilidades, su sueldo debe ser entregado puntualmente, gozar de seguro social,  debe tener sus horas de descanso, tratarlas con cariño y de esta manera no solo tendremos a una servidora sino tambien a una amiga dentro de nuestra casa.

Muchos padres no tienen tiempo para jugar con sus hijos




Los padres no juegan con sus hijos "porque no tienen tiempo" y un tercio de las madres y casi la mitad de los padres consideran que "no juegan lo suficiente con ellos", según se desprende del 'II Informe nacional sobre la infancia en España 2011', desarrollado por la empresa de juguetes Chicco.
El estudio también indica que tanto padres como madres "estarían dispuestos a ganar menos dinero si pudiesen pasar más tiempo con sus hijos", señala que "prácticamente la totalidad de los progenitores, concretamente, un 90 por ciento, considera que la cantidad de juguetes que tienen actualmente los niños es excesiva". Esto se debe, según añade, a que los mismos padres son "demasiado permisivos", tal y como opina un 57 por ciento de las madres y un 65 por ciento de los padres.
Asimismo, el informe revela que un 60 por ciento de las madres asegura que ha dejado de trabajar para encargarse ellas mismas del cuidado de sus hijos.




Fuente: Hoy Mujer.com

jueves, 17 de febrero de 2011

¿Cuáles son las causas del fracaso escolar?



Se entiende por fracaso escolar cuando, después de pasar determinados cursos, nuestros hijos no alcanzan el nivel académico de sus compañeros. Como consecuencia, no progresan ni llegan a tener los conocimientos necesarios para seguir el ritmo del resto de la clase, llegando en ocasiones a repetir curso. Aunque las causas son muy diversas, los motivos pueden pertenecer tanto al campo orgánico o sensorial como al psicoafectivo, familiar o social, siendo cada vez mayor el índice de escolares afectados: casi el 30% de la población infantil lo padece; una cifra récord que nos da una idea de su importancia, y de la necesidad de detectarlo a tiempo a fin de 'cortar' por lo sano con sus consecuencias mas graves.


Las malas notas son uno de los primeros indicios claros que apuntan a un caso de fracaso escolar: por este motivo, los padres tienen que estar muy atentos al progreso y evaluaciones de sus hijos, hablando con los profesores cuando sea necesario, y sabiendo en cada momento qué conocimientos debe tener el niño segun su curso. Igualmente, es importante valorar el comportamiento dentro y fuera de la escuela, conocer a los amigos y participar como padres en las actividades que se programen en el centro.


La motivación es otra de las claves a la hora de prevenir las malas notas o el mal comportamiento en el 'cole' : hablar bien del colegio delante del niño y de lo bonito que es aprender, fomentar el gusto por hacer bien las cosas, o alabar el esfuerzo personal, sean cuales sean los resultados, es una buena manera de fomentar las ganas de ir al colegio y afrontar cada día con alegría y energías renovadas. En lo que se refiere a la ayuda en casa, la lectura es sin duda la base de cualquier conocimiento: el gusto por leer y comprender lo que se lee es fundamental en el proceso de estudio y el aprendizaje. Ademas, es importante inculcar a los 'peques' que estudiar no es sinónimo de estar delante de un libro durante horas, sino que es necesario que aprendan técnicas eficaces, que les estimulen y diviertan. La preocupación de los padres por las tareas, el ofrecerles nuestra ayuda con los deberes o mejorar el ambiente en el entorno familiar, son tambien de enorme importancia a la hora de mejorar los resultados conseguidos en el colegio.


Fuente: Hola.com

domingo, 13 de febrero de 2011

Respeto a los hijos



Esperamos que nuestros hijos nos traten con el respeto debido y que sepan respetar a los demás. Pero ¿respetamos nosotros a nuestros hijos en la misma medida?


"Los niños pequeños tienen sentimientos pequeños"
"Los jóvenes de pocos años tienen pocos sentimientos"


Evidentemente, sorprende leer estas dos premisas. Es muy probable que al leerlas pudiera pensarse que no se sabe lo que dice. Pero en cambio no es demasiado extraño que actuemos como si fuera cierto que a menor edad correspondieran menos sentimientos y menos dignidad. Y si no, preguntémonos por qué en ocasiones la manera de tratar a nuestro hijo no se corresponde con el respeto que debemos a cualquier persona adulta.


Aunque son pequeños y de corta edad, se sienten despreciados cuando les hablamos con altivez, humillados cuando les avergonzamos (a veces en público), y atropellados cuando les damos órdenes incomprensibles a sus ojos. Actuar así es la mejor manera de empezar a levantar barreras que dificultarán nuestro entendimiento con ellos. En cambio, si les tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona, les ayudamos a sentirse tan importantes como los adultos, dignos de la misma consideración y favorecemos una comunicación fluida entre nosotros y ellos. Respetar es tratar a alguien con la debida consideración.


El respeto que les tenemos a los hijos se manifiesta en la calidad del trato que les otorgamos y en la atención que ponemos en tratar de no invadir sin permiso sus espacios de autonomía. No es lo mismo, por ejemplo:


"Supongo que esta mañana no has podido dejar ordenado tu cuarto. Me gustaría que lo hicieras ahora."
En vez de:
"¡Eres un cochino, siempre lo dejas todo de cualquier manera! Haz el favor de ordenar tu cuarto."


Las ventajas educativas de tratar a los hijos con el debido respeto son decisivas. Si nuestra relación con ellos no se basa en la consideración, se vuelve imposible llevar a cabo una acción educativa eficaz y la convivencia, a medida que se van haciendo mayores, resultará dificultosa. (Lectura recomendable: Ser padres con sensatez).


Dos grandes razones justifican la necesidad de otorgar a los hijos un trato basado en el respeto:
Los niños tienen sentimientos igual o más intensos que nosotros. A menudo nos olvidamos de ello y pensamos que no tener ni el poder ni la madurez de la edad adulta es sinónimo de no acusar lo que pasa alrededor de uno.


Cuando a Pablo, en plena fiesta de cumpleaños de un amigo, su madre empezó a limpiarle los pantalones sacudiéndole con fuerza e increpándole furiosa: "¡Qué cochino eres! !Mira como te has puesto! ¡Siempre has de ser el más desastrado!" le estaba poniendo en evidencia delante de todos y los sentimientos de Pablo fueron de vergüenza y de odio hacia su madre.


- Cuando reciben un trato considerado, reaccionan con actitudes de colaboración. Pronunciar una frase amable para pedirles alguna cosa en vez de una orden autoritaria y cargada de reproches genera en ellos sentimientos de agradecimiento que les animan a identificarse y colaborar con la persona que no manda, sino que pide, recuerda, sugiere. No es magia: al igual que los adultos, los niños responden según los estímulos que reciben, se adaptan al trato recibido.


- Cuando reciben un trato desconsiderado o irrespetuoso, acaban por asumir conductas irrespetuosas, negativas e incluso agresivas. Al sentirse maltratado, el niño no puede por menos que sentir aversión hacia aquellos que le tratan mal, que no tienen en cuenta su dignidad. Y con esos sentimientos como cojín de su voluntad, es difícil que tenga ganas de seguir las indicaciones que ha recibido. Al contrario, es probable que por despecho, tenga ganas de desobedecer.


Imaginemos por un momento que en una reunión de amigos, nuestra pareja se mancha la camisa y, en voz alta y con tono de reproche le decimos: "Eres un auténtico desastre, siempre haces igual, mira como te has puesto, da vergüenza ir contigo a cualquier sitio..." Una situación similar sería tan inaudita que el simple hecho de imaginarla nos resulta cuando menos gracioso.
En cambio, si la escena se plantea entre padres e hijo, adquiere normalidad, pierde dramatismo. Incluso veríamos con relativa normalidad el pensar en un castigo si el hijo contestara una impertinencia.
Parémonos a pensar: ¿por qué nos parece normal destinarle un trato a nuestro hijo que de ninguna manera destinaríamos a nuestra pareja? ¿No podemos deducir que realmente nos olvidamos de pensar que tiene sentimientos y reacciones que dependen en gran medida de nuestra actitud con él?


Los niños aprenden a relacionarse y a comportarse por imitación y por contagio. Cuando son pequeños aprenden a hablar en el idioma que hablan los padres y, sólo mediante enseñanzas sistemáticas insistentes, consiguen aprender otros idiomas. Aprenden imitando las palabras que oyen. Pero al aprender a hablar no sólo adquieren esta habilidad, sino que adquieren con las palabras unos contenidos, unas actitudes, unas maneras de comunicarse.


Tan importante como las habilidades que adquieren son las ideas, actitudes y sentimientos que les han rodeado y que también aprenderán por imitación y por contagio. Pensemos por un momento en lo que aprenderá un niño cuando reciba de sus padres un trato más delicado, respetuoso y considerado, cuando haya podido imitar a sus padres en su consideración, delicadeza y respeto, y cuando, las palabras que haya escuchado desde pequeño expresen ideas valiosas y sentimientos positivos... Por el contrario, ¿qué forma de relacionarse y que valores tendrá un niño cuyos padres crearon en su casa un ambiente de falta de respeto, de autoritarismo, de desconsideración...
Es posible que, después de lo antes expuesto, quede en mis palabras un eco que no se corresponde con mi intención ni con la realidad de las cosas. Las palabras, con frecuencia son equívocas y nos inducen a errores. Me gustaría puntualizar que cuando hablo de respeto, consideración y delicadeza, no quiero decir no-intervención, no quiero decir que no haya que contrariar a los hijos, no quiero decir que debamos dejarnos avasallar por sus exigencias. Sólo quiero dejar claro que amonestar, orientar, informar o exigir no es lo mismo que insultar, avasallar, maltratar o avergonzar.


-¿Araña?- pregunta un transeúnte a una señora que acariciaba dulcemente a su gato sentada en un banco del parque.
-No, es un gato- respondió ella con cara de sorpresa.


Ciertamente las palabras engañan, pero son también una preciosa herramienta para transmitirles a nuestros hijos sentimientos de aceptación y de respeto.




José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria




Fuente: Solohijos.com

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